MUNDO AL DÍA por Isaac Bigio
Miami, semana del 5 al 12 de Junio 2005

BOLIVIA: Detrás de la renuncia presidencial


Por: Isaac Bigio
Bigio2004@yahoo.com www.bigio.org


Ex Presidente Boliviano
Carlos Mesa

Se supone que un mandato presidencial en Bolivia debe durar cinco años. Sin embargo, Mesa ha renunciado a menos de 20 meses de haber jurado en el cargo. Este período es mayor a los 14 meses que fue presidente su antecesor Gonzalo Sánchez de Losada y seguramente del mandatario que le reemplace.

Sánchez y Mesa fueron nominados a la presidencia y vicepresidencia en agosto de 2003. La forma en la cual ellos fueron electos y luego “renunciados” es parte de un fenómeno muy propio de Bolivia. Este país tiene una forma peculiar de elegir a sus mandatarios y una constante tendencia hacia formar “poderes alternativos”.

En las democracias representativas modernas hay dos modelos: el presidencialista y el parlamentario. En el primero debe haber un presidente fuerte por un período fijo e inamovible y basado en un amplio respaldo electoral. En el segundo, el Parlamento elige al gobierno pero también lo puede alterar y cambiar.

Bolivia tiene un híbrido entre ambos modelos donde se potencian las desventajas de cada uno. Al igual que sus vecinos, tiene un presidente todopoderoso por un lapso determinado, pero a diferencias del grueso de Sudamérica allí no hay segunda vuelta. Desde hace más de cuatro décadas ningún candidato se ha acercado al 50%. Quien termina por decidir quién será el presidente es el Congreso, quien luego no puede fácilmente reemplazar al gobierno. Encima, la representación parlamentaria no es proporcional y partidos que consiguen menos de un cuarto de los votos aparecen hinchados con más de un tercio de los escaños.

La permanente inestabilidad boliviana constantemente empuja al afloramiento de nuevos poderes. Esta es la república que más golpes ha tenido y donde las Fuerzas Armadas han actuado (por lo menos hasta hace 23 años) como un eterno factor de creación y destrucción de gobiernos. Por otra parte, el altiplano tiene una historia de constantes movilizaciones sociales y laborales que acaban gestando poderes alternos.

En 1936, 1946, 1952, 1970-71, 1978-80, 1982, 1985, 2003 y 2005, los sindicatos (y organizaciones barriales y campesinas ligadas a éstos) realizaron tan grandes marchas y huelgas que se erigieron en un “poder dual” que logró tumbar presidentes o golpes. En la mayoría de los casos empujaron al país hacia la izquierda y a adoptar nacionalizaciones, pero también recibieron como respuestas gobiernos que pusieron mano dura y dieron concesiones a la empresa privada.

Bolivia ha sido el único país sudamericano donde triunfó una revolución popular que desintegró a sus Fuerzas Armadas. La insurrección de 1952, sin embargo, no logró crear un partido revolucionario institucional a la mexicana y el Movimiento Nacionalista Revolucionario no tardó en atomizarse y dar paso a que el Ejército (que éste reconstruyó) dominase casi todo el período entre 1964 y 1982.

En 1985, Paz Estensoro, el mismo hombre que 33 años atrás nacionalizó la minería “bajo control obrero” e hizo el gobierno “antiimperialista” más radical del subcontinente, decidió desbaratar el modelo estatizante y proteccionista que él creó para convertirse en el mejor discípulo del monetarismo a lo Thatcher. Su mano derecha, Gonzalo Sánchez de Losada, cambió por completo al país. Impuso una economía privatizada y de libre mercado donde el grueso de los mineros y fabriles fueron despedidos y sus protestas fueron contenidas o acalladas con constantes estados de emergencia.

Sin embargo, éste se fue quebrando. Las movilizaciones de Cochabamba que impidieron la privatización del agua potable o que golpeaban planes de erradicación de cultivo de coca y el abortado estado de sitio lanzado por Bánzer evidenciaban un inicio del agotamiento de dicho sistema.

A los 14 meses el tema del destino del gas generó una explosión social que acabó sacando al hombre que creó el nuevo modelo monetarista (Sánchez). Mesa heredó la presidencia pero no podía gobernar como antes. Ya no podía lanzar estados de sitios que únicamente producirían peores reacciones populares. Tampoco podía mantener el anterior sistema debido a que la población exige una mayor intervención del Estado en la economía y en la propiedad de los hidrocarburos.

Mesa sobrevivió tratando de mediar entre fuerzas que se iban polarizando y buscando tranquilizar la furia sindical. Esto ha llegado a su límite. Tras querer sobrevivir como equilibrista acabó cayéndose de la cuerda.

Quien le reemplace no será un presidente fuerte. Si es Vaca, presidente del Senado, será más resistido e impopular que sus antecesores. Si el puesto recae en el presidente de la Corte Suprema ese mandato será efímero y sólo para convocarse a comicios.

Bolivia entra a una aguda tensión social. El gobierno central tenderá a tener menos autoridad mientras surgen a su costado izquierdo y derecho dos poderes alternativos. Por un lado los sindicatos que apuntan hacia un gobierno tipo Lula o Chávez o una revolución. Por otro lado está Santa Cruz que se perfila como un Estado dentro del Estado que quiere vetar marchas, mantener el modelo pro libre empresa y que demanda su autonomía.


Mesa: con Dios y el Diablo

Mapa de Bolivia

LONDRES. Bolivia esta polarizada en dos bandos. La central obrera y varios gremios empresariales piden la salida del Presidente, pero por inversas razones.

Los sindicatos, que bloquean el Altiplano y han 'tomado' La Paz, demandan una Asamblea Constituyente y la nacionalizacion del gas. Los inversionistas (centrados en Santa Cruz) piden 'evitar el caos', preservar el 'libre mercado' y un referendo pro autonomias regionales.

Mesa, siguiendo su estilo de eterno mediador, ha tratado de quedar bien con ambos extremos al convocar para la misma fecha a dicho referendo y a una Constituyente.

La izquierda teme que tras el referendo se esconda la ambicion de la 'oligarquía cruceña' de separarse de Bolivia para quedarse con el gas haciendo acuerdos con 'multinacionales'. La derecha desconfía de una Constituyente que pudiese ser 'manipulada' por 'rojos' que aspiran a reemplazar el modelo 'liberal' por uno 'estatizante'.

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