Si Abraham quiso sacrificar su hijo Isaac para mostrar
su lealtad a Dios, el presidente brasilero sacrificó a
Dirceu, su mano derecha, buscando salvarse.
El Partido de los Trabajadores, que venía siendo denunciado
por manejos corruptos en varios entes públicos, ahora es
cuestionado por quien fuera uno de sus mayores aliados (PTB) por
comprar parlamentarios. De ser ciertas tales acusaciones (hoy
sin pruebas), resulta difícil concebir que una corrupción
a tan alto nivel no hubiese sido del conocimiento presidencial.
Lula querrá reducir la crisis recomponiendo su gabinete.
Su gobierno se basa en una alianza entre el PT y fuerzas que están
a su derecha. Mientras la izquierda le pide que es hora de dejar
de administrar al neo-liberalismo y haga reformas para redistribuir
las tierras y el ingreso, Lula tenderá a tranquilizar a
los mercados aceptando varios pedidos de sus aliados centro-derechistas
quienes demandan tener un mayor peso en los ministerios y en la
orientación del gobierno.