| Miami, semana del 17 al 23 de Abril del 2005 |
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El caudillo se ha fortalecido y su cadena de avances le ha convencido que sus enemigos son menospreciables. Es tarde para persuadir.
Por todo ello, porque el problema es de Estado, Washington debe enfocarlo como tal. No se trata de disuadir a Chávez para que se detenga en su camino hacia el socialismo, sino a muchos de los que le siguen, en especial en las fuerzas armadas, el partido y la burocracia "revolucionarias", antes de que sea tarde. El caudillo continuará su rumbo, pero sus seguidores, no pocos de ellos oportunistas y corruptos, están a tiempo de rectificar. En segundo lugar, el proyecto de izquierda radical encabezado por Chávez no es un adorno, sino la columna vertebral del proceso. Le proporciona su sentido de dirección y funciona como mecanismo de movilización. Los que subestiman el poder de las ideas en la ecuación venezolana cometen un error y contribuyen a mantener a la oposición en el limbo que ocupa. El proyecto "bolivariano" debe ser combatido de manera frontal, sin los equívocos de los izquierdistas que gobiernan en Brasil, Argentina y Uruguay. Estos últimos pretenden aprovecharse de Chávez y del petróleo venezolano, al tiempo que le agitan como a un trapo rojo para asustar a Washington. No captan la amenaza ni les inquieta el aplastamiento de la libertad en Venezuela. El cinismo e hipocresía de Lula, Kirchner y Vásquez no tiene límites y les costarán caros. En tercer lugar, Washington y la oposición en Venezuela deben convencerse de que el régimen "bolivariano" no saldrá del poder por vía electoral, o lo cederá pacíficamente. Por desgracia, y en buena medida a raíz del error estratégico electoralista (que concibe al régimen como una democracia populista tradicional), las fuerzas de la libertad han caído en las trampas de la revolución. Lo más decepcionante es que los partidos y grupos que integran la oposición, y el propio Washington, continúan empeñados en jugar con dados cargados. A Washington y a la oposición venezolana no les queda otra alternativa que aceptar el desafío existencial de la "revolución bolivariana", lo cual exige un crucial cambio de percepciones y la preparación sicológica y política para los enfrentamientos que se avecinan ante un enemigo cuyo delirio, a pesar de su naturaleza fantasiosa, nos lleva de todos modos al abismo. Esta es la paradoja de la revolución: su carácter delirante conduce a subestimarla, sin que quede claro que el tiempo favorece la consolidación de un proceso de asfixia de la democracia en Venezuela, de insurrección en América Latina y de desestabilización de intereses vitales para la libertad en un plano global. La ironía de la fantasía "bolivariana" es que la ausencia de obstáculos la convierte paulatinamente en realidad. A medida que avanza sin pagar costo alguno, excepto la retórica del Departamento de Estado, Chávez refuerza la convicción de que su delirio se hará una verdad tangible. Pero todos tendremos un rudo despertar de este sueño hecho pesadilla. Todos sin excepción, incluido Washington. ___* Profesor de ciencia política, Universidad Simón Bolívar. |