En el Dolor
por Carlos Aspa (Diario Expreso
del Perú)
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Sentimos en el alma el desastre que afecta a Estados
Unidos. Nos duele comprobar la pequeñez del ser humano
frente a la furia de la naturaleza. Nos llama a la reflexión
ver cuánto se asemejan los países en el desorden, en
la impotencia, en los reclamos y, también, en sus individuales
muestras de nobleza y
solidaridad.
Estados Unidos es una nación que, a lo largo de su historia,
ha lidiado con las fuerzas de la tierra, el aire, el agua y el fuego
a fin de dominarlas. |
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Sus investigadores se han adentrado en las insondables profundidades del
mar. Sus científicos han explorado
las mil y un maneras para extinguir monumentales incendios forestales.
Sus astronautas han liderado el esfuerzo por conquistar el espacio. Sus
metereólogos viven obsesionados por predecir al minuto cuándo
va a llover, cuándo se va a sentir un viento, cuándo las
nubes darán paso a la luminosidad solar.
Estados Unidos ha marchado adelante cada vez que se trata de ayudar
a países que intentan levantarse de
entre las cenizas. Su Plan Marshall hizo posible la resurrección
de Europa de posguerra. Su General MacArthur edificó el milagro
japonés. Cuando en el Perú se produjo el terrible terremoto
seguido de aluvión del Callejón de Huaylas, fue Estados
Unidos el que más ayudó a nuestros damnificados. Hoy Estados
Unidos es el centro de la atención mundial. La peor catástrofe
de su historia azota Nueva Orleáns y estados aledaños. La
profundidad de los abismos sociales ha salido a la superficie. Y mientras
algunos fanáticos se regocijan y algunos politicastros
festejan, el mundo se conduele. Nosotros nos condolemos. Al Presidente
Bush le toca hacer frente por segunda
vez una crisis mayúscula. Saldrá adelante, qué duda
cabe, porque el estadounidense, a pesar de equívocas
apariencias, es un pueblo guerrero, de voluntad indomable, mostrada en
el fragor de la guerra y en la generosidad de la victoria una y otra vez.
No es casualidad que Estados Unidos sea, y lo seguirá siendo,
la ciudad luminosa en la cima de la montaña
que las democracias del mundo miran siempre en busca de inspiración.
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